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El Ático del Duque de Lerma albergará un restaurante.



El proyecto, que ronda el millón de euros, incluye un bar y un hospedaje de lujo en el techo de la capital.

Cuatro meses tardó en encontrar comprador uno de los áticos, sin duda, más cotizados de la capital y otros cuatro más fueron necesarios para cerrar la venta por un importe que ronda el millón de euros. La operación concluyó el jueves de la semana pasada y, desde entonces, el techo de la capital, como es la última planta acristalada del edificio Duque de Lerma, ya es propiedad de un joven empresario vallisoletano afincado en Madrid.

El dueño, Alberto Gutiérrez, anticipa que su idea es abrir allí arriba, a 87 metros de altura, un restaurante y un bar de copas «con las mejoras vistas de la ciudad», al que más adelante prevé incorporar un pequeño hospedaje de lujo. Para ello cuenta con una superficie de 711 metros cuadrados construidos (550 útiles).

¿Qué movió al comprador a embarcarse en esta aventura? Pues el propio Alberto, que cuenta con 32 años y es el fundador de un entramado de web dedicadas a la organización de viajes (el portal original es civitatis.com), asegura que lo hace simplemente porque le apetece. Y puede, claro. «Soy vallisoletano, y aunque llevó casi nueve años en Madrid, conozco este edificio de toda la vida, así que en cuanto me enteré de que estaba en venta, llamé, fui a verlo y me impactó tanto que decidí comprarlo ese mismo día», relata.

Eso ocurrió a finales de marzo. Después fueron necesarios cuatro meses para cerrar los flecos de la compra con el Banco Ceiss (Caja España-Duero), el anterior propietario a raíz de la marcha del estudio de arquitectura que ocupó el ático del Duque de Lerma durante casi un decenio –desde el año 2003, cuando fue comprado por 900.000 euros–.

Una mole de 23 plantas

«No es una venta fácil en los tiempos que corren, sobre todo, por el volumen de metros cuadrados, pero lo cierto es que ha sido una operación rápida», reconoce Luis González, el gestor de Metro Inmobiliaria que participó en la operación, quien aclara que se trata de «un local comercial que, a expensas de las pertinentes licencias municipales, puede utilizarse para un uso hostelero o similar, ya que cuenta con salidas de emergencia, una escalera exterior de hierro antiincendios y la planta inferior, además, está vacía al ser utilizada como tendedero de la comunidad –formada por 120 viviendas repartidas por sus 23 plantas–».

De manera que, en principio, el actual propietario tendría vía libre para llevar a cabo, por fin, el proyecto original para el que se construyó el actual ático, que fue adosado a la estructura original durante la remodelación integral del edificio llevaba a cabo en 1999. Nadie quiso, o pudo, entonces montar allí un negocio de restauración y el ático permaneció vacío durante cuatro años, hasta la llegada del citado estudio de arquitectura (Arquidex), que lo ocupó hasta hace cerca de dos años.

El edificio original, de hecho, estaba destinado a albergar un descomunal hotel de cinco estrellas cuando se proyectó en 1968, pero acabó abandonado y pasó por innumerables vicisitudes durante las tres décadas posteriores hasta su inauguración definitiva 31 años después –el 13 de diciembre de 1999– Pero nunca, al menos hasta ahora, tuvo un uso hostelero.

Antes de finales de año

Y eso precisamente es lo que tiene en mente Alberto Gutiérrez, un joven empresario que, aunque carece de vinculación con el sector, según reconoce él mismo, defiende que se trata «de un reto personal» que surgió de un flechazo durante una visita al ático que apenas duró una hora. «Me impresionó mucho y, después de barajar que negocios podrían sacarse allí adelante, me decidí por la idea de un restaurante, de entrada, para añadirle después un bar y, si se puede, un hotel de lujo», asegura el nuevo propietario.

Su objetivo, en principio, pasa por poner en marcha el primer negocio «antes de las próximas navidades si todo va bien con el tema de las licencias». Este proyecto, sobre el que girarían los demás, pasa por «un restaurante asequible para todos los bolsillos, con precios medios que rondarían los 20 o 25 euros, de manera que todo aquel que quiera pueda disfrutar de las espectaculares vistas de la ciudad –de 360 grados– que ofrece este ático».

Así que nada de estrellas, soles o tenedores detrás de las mesas de un comedor, si el proyecto llega a concretarse, que ofrecerá a sus comensales una panorámica circular inédita de la capital a 87 metros de altura, 25 más que el recién inaugurado mirador de la torre de la capital –alcanza los 62 metros hasta el punto visitable y los 69 hasta el Corazón de Jesús que corona la cúpula–.

«Mi intención es revolucionar el sector y ofrecer un local espectacular a los vallisoletanos y a la gente que, como yo, aunque soy de aquí y vengo con bastante frecuencia, visitan nuestra ciudad», resume Alberto Gutiérrez antes de anticipar que pretende iniciar las conversaciones para solventar las cuestiones administrativas este mismo verano.

Fuente: El Norte de Castilla

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