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La realidad metropolitana de Valladolid



Valladolid lleva al menos 20 años frente al fenómeno periurbano, en el que los municipios del entorno crecen y adoptan estructuras urbanas y los antiguos límites municipales se ven superados por la movilidad de sus vecinos y agentes económicos.

Amenudo pensamos: «En este país sólo se hacen cosas cuando ha pasado algo grave en vez de haber hecho algo para evitarlo». Cuando se observa la evolución de Valladolid y su entorno en los últimos años y se contemplan las proyecciones de población futura del Instituto Nacional de Estadística, nos vemos obligados como ciudadanos críticos a analizar el problema y plantear posibles soluciones para su debate social y parlamentario porque cuando no se afronta la realidad, ésta te pasa por encima.

En materia de organización del territorio y gobernanza local, Valladolid lleva al menos veinte años frente al fenómeno periurbano (los municipios del entorno, antiguamente rurales, crecen y adoptan estructuras urbanas de modo que los antiguos límites municipales se ven superados por la movilidad de sus vecinos y agentes económicos). Las Directrices de Ordenación del Territorio de Valladolid y su entorno (DOTVAENT) del año 2001, se referían a este fenómeno reconociendo que estábamos ante un ‘área metropolitana en formación’ para líneas después señalar que existen «recelos entre las administraciones públicas, particularmente de los ayuntamientos del entorno hacia la capital», afirmación que no resistía ni entonces ni ahora el más mínimo contraste con la realidad y que pretende ser el argumento para no haber constituido dicha área metropolitana por quien tiene la competencia para ello, esto es, la Junta de Castilla y León.

Cualquier ciudadano que contemple el debate territorial con perspectiva crítica, recordará cómo desde el año 2007 sólo se ha abordado el problema de la necesidad de coordinación de obras y servicios cuando se acercaban las elecciones municipales centrándose, si se me permite la ironía, en lo más importante del problema, esto es, el nombre que debía tener ‘la criatura’. Recordar la altura del debate, Valladolid abierto Gran Valladolid o Área metropolitana de Valladolid produce cuando menos sonrojo cuando el resultado ha sido una Asociación (Comunidad Urbana de Valladolid) de veintitrés municipios seleccionados con criterios ad hoc con características urbanas y poblacionales tremendamente diferentes y es que para este viaje, no hacen falta alforjas.

Un área metropolitana como ente de gestión de obras y servicios de municipios en conjunto, no resuelve por sí misma ninguno de los problemas que afronta el área urbana de Valladolid pero debe servir como base territorial y administrativa sobre el que incorporar el concepto de ‘aglomeración económica’. Según Jane Jacobs las ciudades «crean la clase media» base de todo desarrollo armónico y por ello, es fundamental definir dónde objetivamente se produce esa aglomeración para poder asignar eficientemente el gasto público. Así, el Banco Mundial en su informe del año 2009 ‘Una nueva geografía económica’ establece el ‘Índice de aglomeración’ para considerar un territorio como aglomerado en el sentido de ser potencialmente generador de prosperidad social, a «aquel que satisface las tres condiciones siguientes:

  1. Su densidad de población supera un umbral ( 150 habitantes/ km2).
  2. Tiene acceso a una ciudad dentro de un nivel razonable de tiempo de viaje (60 minutos por carretera).
  3. La ciudad a la que tiene acceso es grande en el sentido de que cumple con un umbral de población (más de 50.000 habitantes»

Si aplicamos esos criterios en el marco de los veintitrés municipios que actualmente configuran la Comunidad Urbana de Valladolid (CUVA), obtenemos un territorio urbano que va mucho más allá del término municipal de Valladolid y que abarca los municipios de Arroyo de la Encomienda, Boecillo, La Cistérniga, Laguna de Duero, Santovenia de Pisuerga, Simancas, Tudela de Duero, Valladolid y Zaratán que habrían de ser tomados como área urbana inicial sin perjuicio de que otros municipios cumplieran posteriormente con el índice de aglomeración señalado.

Ya en el año 2008, Roland Berger Strategy Consultants puso de manifiesto la necesidad de abordar en Valladolid el problema metropolitano así como la realización de un Plan Estratégico como elementos esenciales del desarrollo del territorio.

Cuando todos los estudios técnicos, incluyendo los propios, señalan la necesidad de eliminar las rigideces resultantes de una planta territorial que no corresponde con la realidad urbana. Cuando las competencias para crear un área metropolitana están claramente definidas y existen propuestas encima de la mesa que no son naturalmente incompatibles con la propuesta de áreas funcionales estables de la Junta de Castilla y León. Cuando existen herramientas de participación institucional, social y ciudadana como la Planificación Estratégica y no se hace nada al respecto, tan solo podremos explicar dicha inacción bajo el viejo principio que ya ilustraban Rabin, Hildreth y Miller en su ‘Handbook of Public Administration’ y es que a veces «el control del gobierno y el gobierno de una sociedad pueden resultar intereses conflictivos».

Cuando la realidad en forma de crisis económica, debacle institucional y electoral o pérdida irreversible de población vuelva a pasar por encima, ya será demasiado tarde.

Artículo de opinión de Rubén Raedo Santos Jefe de Gabinete de Alcaldía del Ayuntamiento de Arroyo de la Encomienda, publicado en El Norte de Castilla.

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