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Valladolid recuperará en Colón el reloj floral que hace medio siglo decoró Campo Grande



El empresario Fernando Mozo Grau financia la nueva máquina con una esfera de ocho metros. El nuevo reloj floral se ubicará en los jardines situados tras la estatua de Cristóbal Colón.

La esfera, decorada con motivos de la ciudad y plantas de temporada, tiene ocho metros de diámetro. Cada una de sus dos agujas mide más de tres metros y pesa 40 kilos. Su mecanismo alemán dará la hora exacta gracias a una antena vía satélite de última generación. La capital recuperará, a partir de este mes, el reloj floral que hace casi medio siglo marcaba el paso del tiempo en el Campo Grande. La aportación económica del empresario Fernando Mozo Grau, máximo responsable de la compañía del mimo nombre dedicada a implantes dentales, ha sido clave para que el Ayuntamiento de Valladolid, a través del área de Presidencia, retome un elemento ornamental con el que se busca rendir homenaje a la historia reciente de la ciudad y, al mismo tiempo, embellecerla.

La ubicación elegida cambia con respecto al original, situado entonces en el lateral del parque histórico (Acera de Recoletos), a medio camino entre las plazas de Zorrilla y Colón. Ahora se ha optado por los jardines ubicados tras la estatua dedicada al descubridor, en el camino hasta la Estación del Norte, un espacio muy transitado y de recepción de los visitantes que llegan a Valladolid en tren. Casi cincuenta años después de que el Consistorio de Martín Santos Romero aprobara la instalación del antiguo reloj (febrero de 1966), el trabajo en equipo del arquitecto y concejal del PP Ignacio Zarandona, autor del diseño en superficie; del relojero Germán Zurro, encargado del montaje de la máquina, y del artista José González Gerbolés, artífice de las alfombras florales con las que se festeja a la patrona, cambiará la estética de este espacio. Los tres, junto con el mecenas Fernando Mozo Grau y coordinados por Fernando Rubio, llevan casi un año encima de un proyecto que será realidad en unas semanas. Todos lo han hecho por «amor a su ciudad». Sin recibir nada a cambio. Al igual que la empresa Indal-Philips, que se encargará de iluminar este conjunto, también como aportación voluntaria al patrimonio vallisoletano. Junto a ellos, el trabajo del Servicio de Parques y Jardines será fundamental para que el remate vegetal sea perfecto. ¿Cuánto costará? Mozo Grau prefiere mantener esa información para él.

El reloj se ubicará sobre un talud de césped en el esquinazo de este parque. Antes, habrá que desplazar el quiosco de la ONCE hacia la estación. Este misma semana comenzará el movimiento de tierras para iniciar la instalación de un mecanismo, que habrá que embutir en un nicho bajo la superficie. Germán Zurro, el joven joyero vallisoletano, que este año celebra los ochenta años del negocio familiar, ha trabajado con sus colegas pamploneses de la relojería San Martín, expertos en grandes montajes, para abordar una tarea que califica como un reto. Tanto la mecanismo como las agujas, diseñadas por Gamesa –la empresa que fabrica los molinos de viento– ya están en Valladolid. «Es un sarao, un reloj de pulsera, pero a lo bestia; el diámetro del cañón tiene 15 centímetros», explica ilusionado este profesional, quien prevé que en dos días se pueda completar un ensamblaje complicado por sus dimensiones y la instalación en pendiente, lo que obliga a utilizar unos grandes contrapesos para la subida de las agujas.

En superficie ha trabajado el arquitecto y el edil del PP Ignacio Zarandona, que ha dibujado cuatro discos de 1,80 metros de diámetro que estarán decorados con diferentes motivos. Uno de los cuartos está dedicado a la ciencia y la innovación, con la representación de la Cúpula del Milenio, el Museo de la Ciencia y el coche eléctrico. Otro, a la cultura enogastronómica de Valladolid, con un racimo de uvas y varias copas de vino. El tercero representará el Ayuntamiento y la Plaza Mayor como lugar de encuentro ciudadano, mientras que el cuarto se dedicará a dos acontecimientos esenciales en la ciudad: la Seminci y la Semana Santa en el marco de la iglesia de Santa María de la Antigua, monumento referente de Valladolid. Entre los cuatro discos entrarán cuatro cuñas de césped y el perímetro estará rodeado de dos hileras de arbusto de boj , separadas entre sí cuarenta centímetros, entre las que se plantarán las flores de temporada. Los números de las cuatro referencias horarias se marcarán con unos pequeños troncos y tanto éstos como las agujas se iluminarán para poder consultar la hora cuando se haga de noche. La caída del talud de césped hacia la estación estará decorada con las llamas del escudo de Valladolid, también dibujadas con flores. El resultado se podrá comprobar en las próximas semanas.

Fuente: El Norte de Castilla

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